Síndrome del impostor y escritura

Síndrome del impostor, procrastinación, perfeccionismo y otras insidias

La voz me advierte, una vez más, que estoy corriendo demasiados riesgos. Me estoy exponiendo innecesariamente. Alguien podría descubrirme, denunciarme, desenmascararme. Mejor jugar seguro –me aconseja–. Recuerda que quien no oye consejo no llega a viejo.

Si alguna vez has sentido que tus logros se deben a un golpe de suerte en vez de a tu esfuerzo y disciplina, si te has preguntado cómo has hecho para lograr lo que tienes mientras otros más “preparados” no han podido, o si has temido que “descubran” que no eres lo que pareces, no estás solo. Se llama síndrome del impostor, y es más común de lo que imaginas.

En el fondo de esto yace la más insidiosa de las voces: no eres lo suficientemente bueno, nunca podrás hacer nada perfecto. Y sí, lo segundo es cierto: nunca podrás hacer nada perfecto, sencillamente porque la perfección es un valor subjetivo. Ahora, no permitas que ese parloteo te detenga.

No lo dejes para luego

Pero hay otras dos voces que también pueden jugarte una mala pasada. Y a menudo van juntas: procrastinación y perfeccionismo. Con frecuencia esta insidiosa pareja va de la mano porque comienzas a dejar para más tarde una tarea por temor a que no salga bien, o quizás creas que cuando sepas más saldrá como tiene que ser. No te das la oportunidad de hacer algo hasta que no seas capaz de hacerlo a la perfección.

Tengo mucha experiencia en esto, porque siempre he sido una perfeccionista. He tirado a la basura no solo mi primer y único poemario sino muchos otros libros, por años me negué a publicar hasta alcanzar el nivel, tardé siglos en terminar mi tesis de grado… en fin… Sin embargo, he ido aprendiendo a mantener mi perfeccionismo en cintura y ahora puedo avistarlo en otros a kilómetros.

Una de las experiencias más frustrantes que he vivido como editora puede ilustrar lo que quiero decir. Tras meses de trabajo con una nueva autora, no parecíamos avanzar. Una vez resolvíamos algo, aparecía un nuevo problema. Mi frustración iba en aumento, mientras la confianza en mi capacidad como editora desaparecía. A pesar del agotamiento, no me daba por vencida. Me negaba a pensar que tanto esfuerzo no condujera al mejor producto posible. Al final ella cerró el asunto: prefiero no publicar, a ofrecer algo que no esté perfecto.

Ahí entendí todo, y especialmente el daño que el perfeccionismo puede hacer a un nuevo autor. Recordé la lucha conmigo misma para empezar a publicar y los innumerables autosaboteos. Pensé en todos los autores con cosas maravillosas que decir, que no se han atrevido, y quizás nunca lo hagan.

A ver, estimado nuevo autor. Un libro es un producto, quizás no como cualquier otro, pero un producto al fin y al cabo. Y como tal, hay que hacer el mayor esfuerzo posible, y tras esto, dejarlo ir. También es posible sacar una versión “imperfecta” y luego mejorarla, sobre todo en estos tiempos digitales.

Es mejor, como escuché por ahí, una acción masiva imperfecta que una frustrante inmovilidad perfecta. Do it scared!® ¡Hazlo asustad@! ¡Hazlo ahora! Eres lo suficientemente bueno.

Cuando esté preparado

En español, o por lo menos en Venezuela, existe una frase que según el contexto puede ser terriblemente paralizante: “Es una persona muy preparada”. Preparada aquí significa con diplomas. Habría que cuestionarse esta acepción de la palabra, sobre todo si viene en una frase como “conozco mucha gente más preparada que tú que no ha logrado tanto”, lo cual podría remitirnos una vez más a la idea de no merecer nuestros logros.

Es admirable tener diplomas universitarios y pasión por la educación formal, pero no todos estamos cortados para la academia. Muchos somos estudiantes y estudiosos vitalicios, autodidactas. Aprendemos de todos y de todo. Los grandes escritores no fueron necesariamente doctores en literatura, ni los grandes empresarios han sido egresados de las escuelas de negocios.

Por muchos años, el no tener másters y doctorados me ha perseguido como una mancha. Muy recientemente he comenzado a aceptar que aunque no soy preparada, estoy preparada, y no necesito un diploma que lo pruebe. Mucho menos en este siglo XXI de disrupciones y cursos en línea. Soy básicamente una autodidacta y eso me parece muy meritorio (modestia aparte). Porque estar preparado no es un evento sino un proceso; un estilo de vida.

He fallado mil veces, me he caído, me he levantado, y seguramente todavía me esperen muchas otras caídas más. Experiencias, nunca fracasos.

Así que calla esas voces insidiosas en tu cabeza. Eres lo suficientemente bueno, no un impostor. Hazlo como salga, y como eres lo suficientemente bueno saldrá mejor de lo que imaginas. Estás preparado. Hazlo y la próxima vez tendrás más experiencia. Hazlo a pesar del miedo. Hazlo ahora. El único verdadero fracaso es nunca haber intentado nada.

Por Fanny Díaz

® doitscared.com

Información profesional sobre el síndrome del impostor

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